lunes, 22 de agosto de 2011

Cuando los arroyos convergían  a la orilla de la playa, desbordaban grandes torrentes de agua sobre el mar. Las rocas, alrededor de la desembocadura, rompían las olas de la corriente embravecida al compás del viento.  Sobre la playa, a la distancia, el mar se tornaba morado desafiando el tono azuloso de las profundidades, aquel color era producto del choque de las rosas sobre las rocas, una combinación que contrastaba con la coloración natural del océano.

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