jueves, 18 de agosto de 2011

Rastro de Luna

De noche el viento soplaba con una engañosa calma, los arboles incrustados en la tierra eran agitados bruscamente desde la copa, la luna yacía inerme frente a la tierra suspendida en un clamoroso lienzo estrellado, lucía intacta, etérea, seductora, delirante.  El mar intranquilo golpeaba las rocas de forma impetuosa, devoraba cada palmo de tierra que rodeaba la costa, era el escenario perfecto para traer a la realidad la pesadilla más inconmensurable, más ociosa, más alucinante.

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