martes, 11 de octubre de 2011

Nebulosa nocturna

La noche era tibia, frágil, sosegada, fresca, pero sobre todo misteriosa, no había vestigios de la mujer que fue raptada una noche anterior. El viento mantenía intranquilas las olas, no existían testigos ni respuesta, sólo un pedazo de tela color perlado suspendido al final de una rama. Aquella escena carecía de sentido, ese pobre hombre recurría de manera deliberada a la imaginación para dar respuestas a tan intrincado espejismo.

Los días pasaron de manera presurosa, el tiempo se hacía complice del crimen, cada vez que avanzaba amenazaba con sepultar con arena las escasas pistas de aquella encrucijada surrealista digna de una novela. El pedazo de tela se presentaba ajeno al caso de la mujer perdida, sin embargo era el único testigo del posible crimen y contradictoriamente también el más elocuente.

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