miércoles, 9 de noviembre de 2011

El jinete

La intensidad de la fría ventisca hacia imperceptible la visión mas allá de tres metros. El jinete, pese al clima hostil, enfundó un revolver y de un salto desmontó su caballo y  sin miramientos corrió hacia la puerta para abrirla de un solo golpe. El sonido del exterior hizo pausa cuando el jinete cerró la puerta. Cuanto más  se adentraba en la casa, mas inverosímil se tornaba aquel escenario, al llegar al pie de las escaleras se había percatado de unas extrañas huellas que descendían de la recamara ininterrumpidamente.

Al llegar a la recamara, el jinete dejó caer sus rodillas sobre la madera fría, no podía dar crédito a la escena, ahí estaba ella, su cuerpo pálido parecía haber sido sacado de las entrañas de la tundra,  sus labios habían perdido el vivido color que los caracterizaba. El jinete, había quedado inerte, salpicado de dudas, lleno de horror, sumergido en la agonía, al darse cuenta  que lo único que contrastaba con la frialdad del escenario eran esos curiosos ríos  color carmín que serpenteaban agitados y sin rumbo por la sábanas de su amada.

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